Una formación vinculada con la vida de la comunidad
Docentes, directivos y especialistas de Huaylas, Carhuaz, Yungay y Huaraz participan en el Curso de Educación Intercultural y Comunitaria que desarrolla Urpichallay en el marco del proyecto “Sabiduría de los Mayores. Educación comunitaria para la conservación de la biodiversidad y seguridad alimentaria en el Perú”.
La nómina registra a 30 participantes —19 mujeres y 11 hombres— entre docentes de aula, directores y especialistas de Unidades de Gestión Educativa Local. Proceden de instituciones educativas ubicadas en distintas comunidades rurales y localidades de Áncash.
El curso busca fortalecer capacidades pedagógicas, interculturales y comunitarias para contextualizar el currículo, incorporar saberes locales en la práctica educativa y promover aprendizajes relacionados con la biodiversidad, la seguridad alimentaria, la identidad cultural y el buen vivir.
El territorio también enseña
La propuesta reconoce que la educación no ocurre solamente dentro del aula. También se aprende en la chacra y la familia; en las festividades; en el cuidado del agua; en la crianza de animales y semillas; y en la conversación con sabios, sabias y otras personas conocedoras de la comunidad. El territorio es, por tanto, un espacio vivo de aprendizaje.
El proceso comprende tres módulos: contextualización curricular, proyectos de aprendizaje intercultural y diálogo entre culturas educativas. Tiene una duración total de 459 horas y combina encuentros presenciales, tutorías, acompañamiento pedagógico, trabajo de campo y elaboración de productos en las comunidades e instituciones educativas.
Actualmente, el grupo desarrolla el primer módulo. En esta etapa, las y los participantes elaboran matrices de saberes y calendarios comunales, y reciben orientaciones para preparar cartillas que recojan conocimientos y prácticas culturales de las comunidades donde trabajan.
El calendario comunal como herramienta pedagógica
El calendario comunal organiza las actividades agrícolas, ganaderas, alimentarias, medicinales, festivas y rituales que suceden durante el año. También recoge ciclos climáticos, señas de la naturaleza, épocas de siembra y cosecha, y prácticas de cuidado de la agrobiodiversidad.
Para elaborarlo, las y los docentes recorren el territorio y conversan con estudiantes, familias, sabios y sabias. El resultado no es solo un registro de fechas: permite comprender cómo se organiza la vida de la comunidad y reconocer los conocimientos que acompañan cada actividad.
A partir de esta herramienta, una experiencia como la siembra de papa puede generar aprendizajes en comunicación, matemática, ciencia y tecnología, personal social, arte y otras áreas, sin desligarse de la experiencia cultural y productiva de niñas y niños.
En los siguientes módulos, los calendarios y matrices servirán como base para diseñar proyectos y sesiones de aprendizaje intercultural. Cada participante culminará el proceso con una monografía que sistematice su experiencia y sus reflexiones sobre el diálogo entre educación escolar y educación comunitaria.
Con esta formación, Urpichallay busca contribuir a una práctica docente más cercana a la realidad de sus estudiantes y fortalecer la relación entre escuela y comunidad. El calendario comunal es un primer paso para reconocer los saberes de los pueblos como fuentes legítimas de una educación intercultural pertinente y vinculada con la vida.