Conectamos generaciones a través de la educación comunitaria para cuidar nuestra biodiversidad y revalorar nuestra cultura ancestral.
En Urpichallay trabajamos con un enfoque intercultural y de educación comunitaria, fortaleciendo la agrobiodiversidad, el cuidado del ambiente y la resiliencia climática en comunidades rurales de Áncash.
A través de la transmisión de saberes ancestrales entre generaciones, impulsamos prácticas respetuosas con la naturaleza, mejorando la calidad de vida y fomentando la autonomía comunitaria para las generaciones futuras.
Hace más de 30 años, en lo alto de los Andes, nació Urpichallay, la “palomita” en quechua. Como las aves que aprenden a volar, comenzamos impulsando la educación en comunidades campesinas, creyendo que el conocimiento, cuando echa raíces en la cultura propia, puede transformar vidas.
Con el tiempo, nuestro vuelo se hizo más amplio. Inspirados en PRATEC, abrazamos la sabiduría de los agricultores y sanadores tradicionales, promoviendo la biodiversidad y el bienestar con base en el conocimiento ancestral. En los campos de Áncash, cada semilla y cada historia nos recordaban que la tierra y la cultura son un solo tejido.
Hoy, seguimos adaptándonos a un mundo en cambio, integrando los ODS y sumando esfuerzos para conservar la naturaleza, fortalecer la agricultura familiar y proteger el agua. Con un equipo diverso, seguimos volando con un mismo propósito: construir un futuro más amable, donde la riqueza biocultural sea el alma del desarrollo.
A lo largo de los años, el esfuerzo y compromiso de Urpichallay han sido reconocidos por quienes valoran la educación, la biodiversidad y la cultura andina. En 2015, el Ministerio de Cultura nos reconoció como Persona Meritoria, destacándonos como una institución que impulsa la identidad ancashina y protege su riqueza cultural.
El camino de la educación nos llevó a inspirar nuevas formas de aprendizaje. En 2020, nuestra iniciativa “Círculos de Aprendizaje por jóvenes comunitarios” fue seleccionada por el Ministerio de Educación como una experiencia exitosa, siendo difundida en plataformas nacionales de educación intercultural bilingüe. Pero nuestra semilla había sido sembrada mucho antes: desde el año 2000, hemos trabajado junto a comunidades del Callejón de Huaylas, contribuyendo al incremento de cultivos nativos, fortaleciendo la biodiversidad y la seguridad alimentaria.
Las escuelas también han sido parte de este viaje. Gracias al trabajo conjunto, 15 escuelas del Callejón de Huaylas han mejorado su calidad educativa, obteniendo premios y reconocimientos. Este recorrido nos llevó a un nuevo reconocimiento: la certificación como Centro de Educación Comunitaria en la Región Áncash, un reflejo de nuestra dedicación a la formación integral e intercultural.
Este reconocimiento sigue creciendo: junto a la Dirección Regional de Agricultura de Áncash somos “Guardianes de la papa nativa”, cuidando su diversidad y la seguridad alimentaria de la región. La Dirección General de Defensa del Patrimonio Cultural también nos nombró “Defensores del Patrimonio Cultural”: en 2025 por el maíz y en 2026 por la papa nativa.
Hoy caminamos junto a más de 24 instituciones públicas y privadas en educación intercultural, agrobiodiversidad, plantas medicinales, medio ambiente y reconocimiento a los sabios.
Cada uno de estos logros no es solo nuestro, sino de las comunidades con las que caminamos, de los niños, niñas y jóvenes que nos inspiran, y de la tierra que seguimos honrando con nuestro trabajo.
Conectamos generaciones a través de la educación comunitaria para cuidar nuestra biodiversidad y revalorar nuestra cultura ancestral.