Comunidades de Áncash impulsan iniciativas para recuperar y conservar su agrobiodiversidad

Familia campesina de Áncash junto a una muestra de papas nativas y mazorcas de maíz.

Respuestas construidas desde cada territorio

Las comunidades de Vicos–Cachipachán, Túpac Yupanqui–Atocpampa, Ecash y Huamarín desarrollan iniciativas de agrobiodiversidad en el marco de los proyectos HAD y CJFR. Las acciones nacieron de autodiagnósticos participativos: las familias observaron los cambios ocurridos en sus territorios y decidieron qué conocimientos y prácticas era necesario recuperar y fortalecer.

Entre los problemas identificados están la disminución de variedades de semillas nativas, la pérdida progresiva de conocimientos agrícolas, la reducción de espacios de intercambio, la escasez de agua y el debilitamiento de la transmisión de saberes entre generaciones.

Frente a esta realidad, cada comunidad definió iniciativas relacionadas con sus propias necesidades, potencialidades y prioridades.

Papas, maíces, huertos y fuentes de agua

En Vicos–Cachipachán y Túpac Yupanqui–Atocpampa, las familias trabajan en la recuperación y conservación de papas nativas, la implementación de huertos familiares y el fortalecimiento de huertos escolares. Estas acciones amplían la diversidad de cultivos, aportan a la alimentación familiar y acercan a niñas, niños y docentes a los conocimientos agrícolas de la comunidad.

En Ecash, las iniciativas incluyen la recuperación de papas nativas, huertos familiares, cercado de bofedales y riego por goteo. En los sectores de Huashcar y Ponques también se ha identificado la necesidad de recuperar puquiales, oconales y plantas conocidas localmente como “llama agua”, por su importancia para conservar la humedad, criar el agua y sostener la producción comunal.

En Huamarín se priorizó la recuperación y siembra del maíz amiláceo nativo, promoviendo el refrescamiento de semillas, el intercambio entre familias y la continuidad de variedades que han ido disminuyendo con el paso de los años.

Un aprendizaje entre generaciones

Las iniciativas reúnen a 252 participantes: 119 hombres y 133 mujeres. Participan personas mayores, docentes y jóvenes gestores comunitarios. La presencia de las mujeres expresa su papel central en la selección y conservación de semillas, el cultivo de los huertos, la preparación de alimentos y la transmisión cotidiana de conocimientos.

Los conocimientos de las personas mayores ayudan a reconocer variedades antiguas, épocas de siembra, señas de la naturaleza y formas comunitarias de conservar e intercambiar semillas. Docentes y jóvenes gestores contribuyen a acercar estos saberes a la escuela y a las nuevas generaciones.

Así, los huertos, las chacras, el maíz y las fuentes de agua se convierten en espacios vivos de educación comunitaria. Se aprende observando, conversando, practicando y acompañando a quienes conocen el territorio.

Con estas iniciativas, Urpichallay y las comunidades participantes buscan fortalecer la soberanía alimentaria, conservar la diversidad biológica y cultural y construir respuestas propias frente a los cambios que afectan sus territorios y formas de vida.

Comparte esta publicación

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *